La Universidad de California en Berkeley utilizará un robot de campo este año para investigar el contenido de agua de las hojas de los cultivos en el campo y el momento óptimo para rociar o regar.

La subvención de casi $ 1 millón del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) está ayudando a los investigadores de la Universidad de California a refinar la tecnología robótica que mejora el mantenimiento de los cultivos. Este uso de la agricultura de precisión puede ahorrar millones de litros de agua.
Actualmente, los productores utilizan sensores de suelo para determinar el contenido de humedad en el suelo. Esto proporciona una idea de la necesidad de riego o riego. El robot de campo del proyecto de tres años 'Diagnóstico y riego de precisión asistido por robot' (Rápido) conduce de forma autónoma por el campo, recoge hojas con regularidad y determina el contenido de agua. Cuando es demasiado bajo, se notifica al productor.
Vides de uva
Los investigadores planean comenzar a usar vides de uva este año. Los sensores señalan la cantidad de agua que recibe cada vid. Después de eso, a cada vid se le da la cantidad de agua que necesita para mantenerla saludable y obtener el mejor rendimiento. La subvención del USDA ayudará a los investigadores y sus estudiantes a optimizar el proyecto Rapid durante los próximos tres años.
Algunos estudios estiman que el 85 por ciento del agua dulce del mundo se utiliza para la agricultura. Con el proyecto Rapid, los investigadores quieren demostrar que se puede ahorrar mucha agua con la tecnología robótica en la agricultura. La técnica del riego de precisión permite optimizar el nivel de agua por planta individual.
Riego óptimo
Los agricultores ya están utilizando tecnología como la detección de infrarrojos y drones para monitorear los campos desde el aire y enfocarse en plantas individuales que están recibiendo demasiada o muy poca agua. El desafío es un riego óptimo basado en estos datos. El sistema robótico es la generación complementaria de la agricultura de precisión. Stefano Carpin de UC Merced está estrechamente involucrado en el proyecto.



