Unos 300 productores han perdido sus semillas por el inesperado fenómeno natural; los lugareños subirán al cerro de San Martín para suplicar por la lluvia tormentosa.
“Naqantatawa (todo quemado)”, lamenta en aymara Lucía Guarachi cuando siembra frijoles, guisantes, alfalfa y cebolla que la helada destrozó la mañana del martes en el cantón Villa Concepción Belén, en el municipio de Patacamaya, a 95 kilómetros de La Paz. Allí, unas 400 hectáreas (ha) de producción agrícola de cuatro comunidades fueron afectadas por el extraordinario fenómeno natural.
“Cuando el cielo está paradisíaco y acompañado de un botón, es señal de que habrá helada y eso pasó esta semana”, advierte Esteban Tola, otra comuna. Unos 300 productores viven en estas cuatro áreas y al menos 600 personas se dedican a la actividad agrícola.
Guarachi, que este año estuvo poseído como Agente de Carga, una especie de meteorólogo rural, instruye a los lugareños a “atacar la paja y todo lo que se pueda hacer para ahuyentar las heladas, pero este año ninguno nos pudo salvar”, dice.
La producción de papa, cebolla, zanahoria, arveja, pico e incluso acelga llega a más de 60 abastos en la ciudad de El Alto, otros venden sus productos también en la ciudad de La Paz. Estos productos son los más apreciados porque se riegan con aguas de cumbre no contaminadas.
A principios de octubre cayó una primera helada, aunque no tan fuerte, porque resistieron las plantitas de guisantes, frijoles y alfalfa, pero ahora la segunda helada fue fatal. “Incluso me han dicho que he traído mala suerte, no puedes decirme eso. ¿Qué puedo hacer si llega la helada? " pregunta la mujer como un pollito mientras muestra las hojas secas de las pequeñas plantas de guisantes, beas y alfalfa dañados.
Mientras camina entre estas plantaciones secas, el suelo se parte en dos debido a la falta de humedad. “En este momento toda la tierra tenía que estar verde para las primeras cosechas de enero, pero ahora lo hemos perdido todo”, grita Catalina Huarayo, otra comuna. No ha llovido en esa región durante más de dos meses.
A cada paso en Villa Concepción Belén se puede ver cómo las bajas temperaturas terminaron volcando frijoles, guisantes, cebollas e incluso zanahorias, en algunos casos.
Es como si alguien quemara a las cerdas con fuego hasta derrotarlas en el suelo. “Esto ya no se puede salvar, solo tendremos que estafarlos para alimentar a las ovejas”, dice Antonio Ticona, otro campesino de 71 años que hasta ahora no puede creer cómo llegó la helada en noviembre.
Lucía Guarachi reza todas las noches para que no vuelva la helada, pero también tiene la cerilla lista para prender fuego y asustar al fenómeno y si hay amenaza de granizo, encenderá petardos para asustarlo también. En el altiplano paceño se cree que cuanto más fuerte sea el rugido del petardo, se escaparán los rayos con los que llega el granizo, pero no siempre es así.
“No sé si las heladas han sido un castigo, no sé qué está pasando”, admite el líder campesino de otros tal vez ante los efectos del cambio climático. Hace dos semanas granizo del tamaño de un huevo roto plantado en los municipios de Betanzos, Chaquí, Puna y Ckochas.
La gobernación de Potosina comprometió ayudas a los campesinos. En Patacamaya esperan que la Gobernación de La Paz pueda ayudar a estos productores ante esta emergencia natural.
El jueves, en La Paz, el ministro de Medio Ambiente y Agua, Juan Santos Cruz, y las comunas hampaturi hicieron un ritual para llover y ahora los campesinos de Patacamaya ascenderán al Cerro de San Martín para suplicar que llegue la precipitación.
“Haremos lo que aquí llamamos 'Ayuno al Señor' para que llueva, porque si no llueve perderemos nuestras cerdas”, avanza Gabriel Lima, un campesino de 22 años mientras intenta saca un poco de agua de un pequeño río.
Este ayuno, como lo llaman en las comunidades de Villa Concepción Belén, San Martín, Viscachani, Chiarmani y Tarmaya, consiste en subir el cerro y rezar durante todo el día por lluvia.
Lucía Guarachi, que este año estuvo poseída como Agente de Carga, una especie de meteoróloga rural, reza todas las noches por lo mismo.
La semana que viene subirán con la imagen del Santo San Martín, patrón del lugar, a esa montaña lejana a 15 kilómetros de sus pueblos.
Para colmo, el antiguo sistema de riego de la región cumplió su ciclo de vida. “La cuneta ya gotea y perdemos mucha agua cuando la hay, por eso pedimos a las autoridades un nuevo sistema de riego”, dice Esteban Tola, otro campesino.
Hasta hace unos 30 años, cientos de peces Mauri nadaban en el río Khetu, que en época de lluvias inundaba incluso algunas plantaciones. Ahora el afluente, que baña a las comunidades agrícolas de Patacamaya, quedó reducido a una hilera de 40 centímetros.
“Aquí había peces, el agua era abundante y cristalina, ahora bajó el caudal y no alcanza para todas las comunas”, dice Esteban Tola, comuna de Villa Concepción Belén.
En sus buenos tiempos, el río Khetu tenía tres metros de ancho y hubo un momento en que inundó las plantaciones.
“Necesitamos una bomba para extraer la poca agua que llega, pero después de una hora de extracción, casi se seca”, advierte Gabriel Lima, otro campesino.
Catalina Huaraya agrega que se deben invertir al menos 90 bolivianos en la compra de diesel para usar la bomba extractora de agua del río. “Con la escarcha que quemó a nuestras cerdas, ni siquiera vamos a tener que comer el año que viene”, dice preocupada. Ante esta emergencia, algunos pobladores cavaron un pozo de unos 10 metros de diámetro y tres metros de profundidad. El agua apenas cubría la superficie y según los campesinos, en menos de una semana el volumen del agua bajó más de un metro. Unos 300 productores y al menos 600 personas dedicadas a la actividad agrícola en Villa Concepción Belén, San Martín, Viscachani y Chiarmani sufren estos días de un helado que quemó la producción de frijoles, guisantes y alfalfa, pero también rezan para que lleguen las lluvias para que para no perder las plantaciones de papa.


